Había soñado mucho antes con ese día. Era sábado seis horas aproximadamente. Casi automáticamente desperté, antes que la mañana terminara de aclarar. Salte velozmente de la cama; no hubo necesidad de reloj despertador, ni que mi madre me llamara tan siquiera una vez. Todo lo contrario de los días de colegio, en los que mamá debía llamarme una y otra vez sin ningún resultado por la modorra cotidiana.
- Apenas pude pegar el ojo en la noche!
Me fui directo a darme mi ducha matinal y sin hacer mucho ruido empecé a preparar mi mochila. Ansioso miraba a mí alrededor registrando que no me faltara nada.
- Ya tengo todo listo!
Y salí silenciosamente, así como acostumbraba a salir Tom, mi perro, empujando la puerta suavemente para pasar inadvertido. Salí casi corriendo hasta la esquina. Y vi la cancha todavía vacía, sólo el rocío de la mañana estaba presente.
-Que pasó con Pedro –quedamos en encontrarnos a esta hora. Que boludo! Re caigue luego es!
Me puse entonces mi taquilla nueva y empecé a patear algunas gotitas de rocío imaginándome ya el goleador del equipo.
Recuerdo que tenía entonces 14 años y hacia apenas 3 meses, que practicaba en la canchita de mi Barrio, pero era la primera vez que jugaría como parte del equipo titular y como número 10, el sueño de toda mi vida, desde que conocí a Romerito y a Maradona mis ídolos del futbol.
Desde luego que converse con cada punta del arco y di una vuelta estrella mostrando mi buen estado físico. Dije también que sería estupendo ver a mi vecina Lourdes en las graderías.
Yo soy del equipo campeón! me decía, haciendo mentalización positiva, repitiendo una y otra vez esta frase como letanía.
Cuando llego el entrenador ya había terminado mi calentamiento. Y cuando llego Pedro ya estaba gritando mi primer gol imaginario y la platea gritaba en coro mi nombre, ya era el nuevo ídolo del futbol.
Lucia Valdez
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miércoles, 7 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
Like A Madonna
- ¿Pasó?
- Algo así…
- ¿Cómo “algo así”?
Mariana frunce la frente, y se le escapa una sonora carcajada.
- ¡Boluda, contame!
- Se animó… ¡ya era hora!
Mariana ríe otra vez y Sofía, ansiosa, la apura.
- ¡Quiero detalles!
- Era domingo, mirábamos fútbol: México-Argentina. Él estaba muy ansioso. Terminaba el primer tiempo, y yo sólo pensaba en… caricias.
-Estabas con todo…
-¡Y a él le gustaba! Le dije que el Mundial ya me cansaba un poco… y apagó la tele.
-¡Vos estás muy loca!
-¡Estaba hecha una loca! Le dije que podíamos jugar… otro partido.
-¡Ibas por la pelota!
-Y me empezó a besar. El cuello, la cara, la boca…
-¿No estabas nerviosa?
-Estaba muy ansiosa… curiosa. Pero, en el fondo, muy nerviosa.
-¿Pero estabas segura?
-Me sentía liberada… emocionada. Era un nuevo juego.
-O un juguete nuevo…
Mariana piensa… y vuelve a reír.
-¿Qué pasó?
-Me saqué la ropa, le rompí la camisa…
-Boluda, ¡le estabas violando!
-Le miré a los ojos, y le dije: “¡Soy Madonna!”.
-Estás loca…
-“¡Soy Madonnaaa!”…
-¡Muy loca!
-¡Le dije dos veces que era Madonna, y no entendía!
Entonces empecé a cantarle “Like A Virgin”, y me movía, y le miraba, pero él estaba muy nervioso…
-¿Pero le gustó?
-¡No entendía nada! Me frustré…
Mariana suspira, y se emociona.
-Me agarró de la mano. Me pidió que no actuara. Que no quería a Madonna, que quería a Mariana.
-Eso es muy tierno…
-Era tierno, pero yo me sentí patética. Yo quería gustarle…
Toda mi vida imitando a Madonna, para pedirme a Mariana.
JC
- Algo así…
- ¿Cómo “algo así”?
Mariana frunce la frente, y se le escapa una sonora carcajada.
- ¡Boluda, contame!
- Se animó… ¡ya era hora!
Mariana ríe otra vez y Sofía, ansiosa, la apura.
- ¡Quiero detalles!
- Era domingo, mirábamos fútbol: México-Argentina. Él estaba muy ansioso. Terminaba el primer tiempo, y yo sólo pensaba en… caricias.
-Estabas con todo…
-¡Y a él le gustaba! Le dije que el Mundial ya me cansaba un poco… y apagó la tele.
-¡Vos estás muy loca!
-¡Estaba hecha una loca! Le dije que podíamos jugar… otro partido.
-¡Ibas por la pelota!
-Y me empezó a besar. El cuello, la cara, la boca…
-¿No estabas nerviosa?
-Estaba muy ansiosa… curiosa. Pero, en el fondo, muy nerviosa.
-¿Pero estabas segura?
-Me sentía liberada… emocionada. Era un nuevo juego.
-O un juguete nuevo…
Mariana piensa… y vuelve a reír.
-¿Qué pasó?
-Me saqué la ropa, le rompí la camisa…
-Boluda, ¡le estabas violando!
-Le miré a los ojos, y le dije: “¡Soy Madonna!”.
-Estás loca…
-“¡Soy Madonnaaa!”…
-¡Muy loca!
-¡Le dije dos veces que era Madonna, y no entendía!
Entonces empecé a cantarle “Like A Virgin”, y me movía, y le miraba, pero él estaba muy nervioso…
-¿Pero le gustó?
-¡No entendía nada! Me frustré…
Mariana suspira, y se emociona.
-Me agarró de la mano. Me pidió que no actuara. Que no quería a Madonna, que quería a Mariana.
-Eso es muy tierno…
-Era tierno, pero yo me sentí patética. Yo quería gustarle…
Toda mi vida imitando a Madonna, para pedirme a Mariana.
JC
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miércoles, 30 de junio de 2010
Ella
Un día cualquiera, el paseo termino en un cuarto (aunque eso ya era medio costumbre) pero este día era diferente; era cualquiera. La besé. Sonrió. Me gustaba su sonrisa. La acaricié. La besé.-No quiero-. Odiaba sus palabras. Todas. Yo te cuido, dije. ¿Me amás? Su voz. Sí. Me besó. La abracé. La besé. La desvestí. La besaba, la abrazaba. Empecé y gritó. ¡Basta! Me detuve. No pude controlarme. Volví a empezar. Gritó y lloró. Hasta ahí- le prometí. Continué. Ella lloraba y gritaba. Intentaba apartarme. Gritaba. Me gustaba. La sostuve con mayor firmeza. Seguí más rápido, más fuerte. Gritaba. Le dolía. Le dolía, pero a mi no, la estaba haciendo mía. Gritaba. Más rápido, con rabia. Lloraba. Si gritaba, le gustaba, si le gustaba: puta era. Fui más duro. Acabe satisfecho. Seguía llorando. ¡Quería que se callara! Al fin y al cabo: gritó y si gritó, le gustó.
Se levantó. Me miró a los ojos y me suplicó que la llevara a su casa.
Yo. Sed de ella. Sed de su dolor. Dolor que me saciaba. Dolor que la mataba.
Y esa fue la primera noche que la asesiné.
Se levantó. Me miró a los ojos y me suplicó que la llevara a su casa.
Yo. Sed de ella. Sed de su dolor. Dolor que me saciaba. Dolor que la mataba.
Y esa fue la primera noche que la asesiné.
María Pilar
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